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“En muchos países de América Latina y el Caribe, los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales siguen siendo las poblaciones rurales más vulnerables. Sus vidas están marcadas en demasiadas ocasiones por la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la falta de acceso a servicios básicos y oportunidades de desarrollo, y hasta por diferentes formas de discriminación. Este hecho se hizo aún más patente durante la pandemia de COVID-19. Al mismo tiempo, es evidente que los pueblos indígenas son los mejores guardianes de los recursos naturales y de la biodiversidad, elementos esenciales para la supervivencia de la especie humana en la tierra. Así, el trabajo del FIDA con las comunidades indígenas y otras comunidades tradicionales, como las afrodescendientes, se justifica por estas dos poderosas razones: su vulnerabilidad y el aprovechamiento de sus conocimientos y prácticas tradicionales, capaces de ayudar al mundo a mitigar el cambio climático y adaptarse a sus consecuencias. Desde el Corredor Seco hasta los Andes, pasando por la Amazonía y el Cono Sur, reforzamos nuestro compromiso de diálogo activo y constructivo para una participación plena y efectiva de los pueblos indígenas y tradicionales en los proyectos del FIDA en América Latina y el Caribe”.
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